Experiencia del equipo de respuesta rápida en el INC

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Experiencia del equipo de respuesta rápida en el INC

Autores: Víctor José Leal Alcántara
Jefe de Residentes. 2024-2025
César Yldifonso Salinas Ulloa
Subjefe de Residentes, ciclo académico 2024-2025

A pesar de un entrenamiento adecuado, la supervivencia del paro cardiaco intrahospitalaria es únicamente del 25%.1 Derivado de lo anterior, se han diseñado múltiples estrategias, con la finalidad de prevenir y tratar oportunamente a aquellos pacientes que tienen riesgo de presentar este desenlace. Una de ellas, es la implementación de equipos de respuesta rápida (ERR). Estos grupos son unidades multidisciplinarias, diseñadas para identificar y atender de manera inmediata a pacientes hospitalizados que presentan signos de deterioro clínico.2 Está bien establecido que los pacientes con una complicación grave muestran datos objetivos y subjetivos de deterioro, que son evidentes de 6 a 24 horas antes de presentar el evento, por lo que múltiples instituciones, a nivel mundial, han destinado esfuerzos para implementar protocolos para identificar y tratar estos escenarios.3

Para lograr la implementación adecuada, y, por lo tanto, un desenlace positivo, se requiere la participación de distintas áreas y profesionales experimentados, que trabajen como un equipo multidisciplinario, con buena comunicación y constante entrenamiento para que, durante la emergencia, la ejecución sea efectiva. Para hacer frente a las necesidades anteriores, el Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez, a través de sus autoridades, ha implementado un equipo de respuesta rápida y diseñado un protocolo de ejecución para la atención de pacientes que se encuentran hospitalizados, fuera de las áreas críticas. Su implementación está fundamentada en la capacidad para detectar y actuar ante el deterioro clínico de los pacientes, antes de que se desarrollen complicaciones graves. Entre los objetivos claves y la justificación que llevaron a instaurar esta estrategia se encuentran prevenir eventos críticos, reducir la mortalidad y complicaciones, mejorar la eficiencia hospitalaria y, un punto clave, crear una cultura de seguridad del paciente, en la que se promueva un entorno que priorice la identificación y resolución temprana de problemas clínicos, así como la capacitación continua del personal involucrado.

Te invitamos a continuar con la lectura en la página 8 de Motu Cordis

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