Entrega y dedicación: historia de una gran mujer y profesionista
Autora:
Mtra. María del Rosario Vázquez Larios
Adscrita al Laboratorio de Microbiología
En esta ocasión me permito compartir en este espacio, y en sus
propias palabras, una breve semblanza de una gran mujer que
forma parte de nuestra casa de trabajo. Un verdadero ejemplo
de integridad, responsabilidad, dedicación y, sobre todo,
fortaleza. Sin más, les dejo este testimonio de vida
L.A. José Luis Hernández Tlapala
Soy María del Rosario Vázquez Larios, conocida en mi familia del Instituto como Chayo, por el cariño que me tienen. Nací en la Ciudad de México hace 69 años y tengo dos hermanos. Mi madre era originaria de Sayula, Jalisco, y mi padre de Guanajuato. Ambos muy trabajadores y con muchos valores y principios, que han sido para mí una guía en mi vida. Mi padre era músico, tocaba el acordeón, y mis hermanos heredaron este gusto, mi hermano el mayor toca la guitarra y compone canciones y mi hermano menor toca la batería, ambos como hobby.
Tengo la licenciatura de Química Farmacéutica Bióloga por la Universidad Motolinía, en la cual cursé kínder, primaria, secundaria, preparatoria y licenciatura, y además estuve como docente por 10 años; cabe mencionar que es una escuela de religiosas, por lo que varias de ellas querían que yo fuera religiosa pero creo que no era mi vocación.
Ingresé al Instituto como paciente por problemas de hipertensión pulmonar al servicio de cardioneumología a los 18 años, siendo mis médicos tratantes el Dr. Lupi, Dr. Seoane y Dr. Sandoval; por esta situación, mi tía Antonia Larios Betancourt ingresó al Instituto como dama voluntaria y por intervención de la Lic. Enf. Ofelia Chávez, ingresé al Departamento de Farmacología para realizar mi servicio social y tesis a cargo del Dr. Gustavo Pastelín. Posteriormente, se liberó una plaza de técnico laboratorista en el Laboratorio de Microbiología y tuve la oportunidad de ingresar a este laboratorio hace 43 años siendo los jefes Dr. Álvarez del Coro y la Q.F.B. Huerta. Durante estos años el Instituto me ha dado la oportunidad de crecer tanto en mi persona como académicamente, intramuros y extramuros.
Te invitamos a continuar con la lectura en la página 24 de Motu Cordis.
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