Del oír y escuchar
Autor: Dr. Jorge Gaspar Hernández
Director General del INC
En este escrito hago unas reflexiones sobre el oír, su diferencia con escuchar y el placer que este último nos puede proporcionar.
Oír es el acto involuntario de percibir con el oído sonidos o ruidos. Los ruidos y sonidos a los que estamos expuestos en la vida diaria son numerosos y no solemos prestarles mayor atención, a menos que sean súbitos y procesen la instantánea e inconsciente respuesta de temor vía las rutas subcorticales rápidas oído→tálamo→ amígdala cerebral y el sistema nervioso simpático, o que molesten por su agudeza (mayor de 5,000 Hz) o su intensidad. Los ruidos o sonidos de intensidad mayor a 65 decibeles tienen el riesgo de causar daño auditivo temporal o permanente por lo cual son catalogados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como polución acústica y conviene evitarlos. Esta contaminación auditiva es en mayor parte de origen automotriz, industrial, de la construcción, el transporte aéreo y la llamada música ambiental cuando rebasa la intensidad señalada.
Por otro lado, escuchar es el acto voluntario de prestar atención a los sonidos percibidos por el oído: a la voz que habla o que canta, al instrumento o instrumentos musicales o al espacio acústico de la naturaleza. De esta última (en que están el viento, oleaje, el trino de las aves, etc.) cabe también la auscultación médica.
Te invitamos a continuar con la lectura en la página 8 de Motu Cordis.
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