Microbiota intestinal y cerebro: dos ciudades interconectadas por el eje intestino-cerebro

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Microbiota intestinal y cerebro: dos ciudades interconectadas por el eje intestino-cerebro

Autoras: M. en C. Sandy Reyes Martínez y Dra. María Magdalena Aguirre-García
Unidad de Investigación UNAM-INC, Facultad de Medicina, UNAM

La comprensión de los diversos procesos biológicos en el cuerpo humano en ocasiones se torna un poco complejo, sobre todo si lo que se pretende entender es la relación que existe entre diferentes aparatos y sistemas del cuerpo que anteriormente no se tenía claro que pudieran estar interconectados. Tal es el caso del sistema nervioso central gastrointestinal, los cuales están estrechamente vinculados a través de terminaciones nerviosas, vías hormonales y el sistema inmunológico. Pensemos que el cuerpo humano es como un país con diversas comunidades, en este se encuentran dos ciudades clave para su funcionamiento, una es Cerebrópolis, ciudad que destaca por ser el centro ejecutivo, en donde se integran todas aquellas funciones cognitivas, neuroendócrinas y emocionales. Por otro lado, está Intestinolandia, la zona industrial con múltiples actividades como la digestión, la fabricación y la absorción de nutrientes, así como la regulación inmunológica. Ambas ciudades están conectadas por una autopista bidireccional que lleva por nombre “Eje intestino-cerebro”, que cuenta con diferentes vías alternas: las neuronales (representada por el nervio vago), las rutas humorales y la senda inmunológica.

Dentro de los límites de Intestinolandia se aloja una metrópolis microscópica compleja y diversa, mejor conocida como microbiota intestinal, compuesta por trillones de microorganismos como virus, hongos, arqueas, protozoos y, en su mayoría, bacterias que interactúan con la mucosa intestinal, las células inmunes y el sistema nervioso entérico. Esta comunidad microbiana es siempre dinámica y actúa como un conjunto de sistemas urbanos que están altamente especializados. Se pueden encontrar los “Gestores de recursos y residuos”, donde los trabajadores obreros, representados por las bacterias comensales, tienen uno de los principales roles en la ciudad, que es la fermentación de carbohidratos complejos en ácidos grasos de cadena corta (AGCC), como el acetato, el butirato y el propionato, los cuáles no solo son indispensables para proporcionar energía a los colonocitos, ciudadanos clave en la estabilidad y arquitectura de la ciudad, sino que también regulan uno de los principales límites que separan ambas
ciudades: la barrera intestinal. Esta barrera permite la permeabilidad de los AGCC previamente producidos, los cuales pueden tener efectos epigenéticos a nivel del cerebro, es decir, que estos productos llegan por exportación a Cerebrópolis. Adicionalmente están los Servicios de comunicación, donde los científicos o aquellas bacterias neurotransmisores que producen como serotonina, GABA y dopamina, tienen la capacidad de influir en la estimulación del nervio vago y en la modulación de las neuronas entéricas.

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