La herencia

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La herencia

Autor: Dr. Ángel Romero Cárdenas

—¡Aquí tengo la llave, hay que abrirlo!

El baúl era de madera de encino, tenía como 80 años, había sido construido por el padre de su padre. Estaba perfectamente ensamblado con la técnica de “Cola de Milano” y pegado con las resinas más adhesivas de su tiempo. Había soportado en forma estoica un sinnúmero de mudanzas y, en una ocasión, estuvo a punto de ser ofrecido a los dioses –mediante el fuego purificador–, porque no le encontraban un lugar donde estacionarlo.

Quiso la Buenaventura que llegara a manos de nuestro personaje cuando era apenas un adolescente y, desde entonces –fielmente–, lo acompañó siempre en todas sus mudanzas. Fue testigo de todos los cambios de hábitat y celoso guardián de múltiples tesoros como: ropa, libros, lociones, tarjetas de felicitación o de Navidad, cartas de amor, boletas de calificaciones, fotografías de la familia y de fotos personales que iban haciendo su biografía iconográfica.

Su baúl era inseparable. Nunca lo dejó…, nunca lo abandonó. En una afortunada ocasión le dieron mantenimiento, lo barnizaron con las mejores lacas y lo dejaron: ¡peor que nuevo!… Por cierto, en la última mudanza, ocupó un sitio privilegiado a los pies de su cama.

Te invitamos a continuar con la lectura en la página 19 de Motu Cordis.

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