Gilberto Bosques, Diplomático de dimensión universal
Autor: Dr. Luis Córdova Alvelais
“Hermanos del destierro somos
Vivimos llenos de pesares
Errantes por el mundo vamos
Soñando con nuestros hogares”.
Autor: Dr. Luis Córdova Alvelais
Recordemos con orgullo a un diplomático mexicano, quien con el apoyo del presidente Lázaro Cárdenas salvó la vida a más de 40 mil refugiados políticos, sustrayéndolos de las garras del franquismo y del nazi fascismo.
Al término de la Guerra Civil Española (1936-1939), dirigentes, combatientes e intelectuales de la República tuvieron que exiliarse. Barcelona, último bastión de la República sucumbía a los bombardeos franquistas, huérfanos hombres, mujeres y niños cruzaron hacia Francia, país que rápidamente reconoció
a Francisco Franco.
Los refugiados fueron concentrados en campos de internamiento y clasificados según su grado de compromiso con la República Española. Hacinados, desnutridos, sometidos a maltrato y a la amenaza de la deportación. Sin asistencia médica, sin condiciones higiénicas, casi sin alimentos ni ropa, en barracas soportaban las inclemencias del tiempo. Un camión hacía un recorrido una vez al día llevando los escasos alimentos que podía proporcionar el gobierno en el exilio.
Los menos afortunados del campo de Angelès-sur-Mer sobrevivían en tiendas de campaña improvisadas, con la misma vestimenta con la que habían salido al exilio. A la orilla del mar, hiciera frío, lluvia o un sol inclemente soportaban la indiferencia, por no decir la crueldad del gobierno francés. Quienes protestaban eran expulsados a España, donde les esperaba el fusilamiento o el trabajo forzado, los niños eran depositados con familias franquistas o los dejaban al cuidado de monjas que a base de rezos y palos les “sacaban” el demonio a los “rojos”.
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