Lo que habita nuestra piel
Autoras: Dra. en Biología Rimma Zurabian
Profesora Titular de T. C. en Facultad de Medicina, Departamento de Microbiología y Parasitología
Covadonga López-Portillo
Pasante de Biología, Facultad de Ciencias, UNAM
La piel es un ecosistema temporal y dinámico
Cuando pensamos en ecosistemas, solemos imaginar grandes paisajes naturales como selvas, arrecifes de coral o el suelo de un bosque. Sin embargo, uno de los ecosistemas más dinámicos y complejos se encuentra justo sobre nosotros: en la piel. Además de ser la barrera física que nos delimita, la piel es responsable de la termorregulación, las percepciones sensoriales, prevenir la pérdida de agua, la síntesis de vitamina D, e incluso juega un papel importante en la comunicación social y emocional, y es la primera línea de defensa ante patógenos externos. Está de más decir, entonces, que el estado de la piel es clave para una salud óptima.
Entre los factores que determinan su buen funcionamiento, hay uno especialmente interesante: la microbiota cutánea, un sistema complejo formado por millones de microorganismos –bacterias, hongos, virus (fagos), parásitos y arqueas–que viven sobre nuestra piel y desempeñan funciones protectoras, inmunológicas y regulatorias. Interactúan constantemente entre ellos y con el cuerpo humano, manteniendo un equilibrio dinámico en el estado óptimo de salud. Estas interacciones biológicas pueden adoptar diversas formas: algunas especies compiten entre sí (antagonismo), otras aprovechan oportunidades cuando las condiciones cambian (oportunismo), algunas conviven sin causar daño ni beneficio (comensalismo) y otras colaboran activamente para beneficiarse mutuamente (cooperación).
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